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Newsletter 63 | Hacer comunidad vs. conseguir clientes

El secreto del alfajor que vendió
300.000 unidades en 48 horas

El 13 de mayo de 2026, un nuevo alfajor llegó a los kioscos argentinos. Y apenas cuarenta y ocho horas después, 300.000 unidades ya se habían agotado en CABA y GBA.

La marca del fenómeno se llama GIGA y detrás del proyecto, están el empresario Nicolás Esmede y el streamer Iván 'Spreen' Buhajeruk.

Sin embargo, la pregunta más interesante para el mundo de los negocios no radica en descifrar cómo despacharon semejante marea de productos, sino en comprender qué fuerza invisible provocó que cientos de miles de personas quisieran probarlos con semejante voracidad.

La historia empieza mucho antes que el primer alfajor

La respuesta es tan simple como monumental. Mucho antes de encender las máquinas de la planta industrial, Spreen había construido durante años una comunidad digital que supera los 30 millones de seguidores globales entre sus plataformas.

Cuando la marca GIGA vio la luz, no tuvo que salir a mendigar atención porque esa comunidad ya estaba ahí. El lanzamiento encontró una audiencia preparada, expectante y lista para escuchar.

Las métricas iniciales son el fiel reflejo de este magnetismo: la cuenta de GIGA superó los 75.000 seguidores en pocos minutos, al presentar solo la marca, sin haber contado ni siquiera del producto o su rubro. En su presentación oficial durante la Semana del Alfajor congregó a más de 5.000 personas.

En este ecosistema, la comunidad operó como el punto de partida; el alfajor funcionó como el puente físico de conexión, y su ingeniería de distribución hizo posible que el entusiasmo llegara a las góndolas.

Atención + confianza + deseo

Este caso de éxito nos obsequia una fórmula sagrada para que las marcas estudien la anatomía del deseo contemporáneo:

Atención: un universo de millones de usuarios que ya conocía al creador y habitaba su ecosistema.

Confianza: existía un vínculo construido durante años, un pacto de lealtad intangible.

Pertenencia: comprar GIGA trascendió el acto de consumirlo y también podía sentirse como formar parte de esa comunidad.

Curiosidad: el misterio sensorial por descubrir el sabor de una narrativa compartida,
¿cómo sería el alfajor?

Acción: probarlo, el paso inevitable de la góndola hacia la caja registradora.

La comunicación había conseguido algo extraordinario que podríamos llamar el Santo Grial de los negocios: transmutar una masa de espectadores en una legión con intención de compra inmediata.

El giro copernicano del marketing moderno

Este caso refleja un cambio de paradigma absoluto. Durante mucho tiempo, las marcas pensaron: 'Tengo un producto fabricado, ahora debo salir a cazar personas que quieran comprarlo'.

Pero el escenario actual propone una ruta inversa: 'Tengo una comunidad consolidada, escucho y puedo entender qué quiere, diseño un producto a la medida exacta de su universo'.

GIGA muestra que los fundadores trabajaron en la arquitectura del producto durante casi dos años antes del lanzamiento. Hubo testeos minuciosos, búsqueda y selección de plantas industriales y una milimétrica planificación comercial. La explosión mediática y la viralidad fueron visibles; pero la estrategia venía marchando entre las sombras desde mucho antes.

Una pregunta para tu empresa

Piensa en tu marca y confronta las bases de tu negocio con este espejo de cinco preguntas:

¿Tienes audiencia o tienes comunidad?
¿Las personas simplemente te siguen o participan de la conversación?
¿Qué intereses comparten quienes ya te eligen?
¿Qué producto, servicio o experiencia podría nacer de ese conocimiento?
¿Cuánto de tu comunicación está construyendo demanda futura?

Una comunidad activa trasciende por completo las métricas del alcance digital y constituye un activo comercial de altísimo valor estratégico.

¿Y qué tiene que ver esto con una agencia de comunicación?

Todo. Consolidar una comunidad genuina demanda mucho más subir publicaciones en un muro digital.

Exige esculpir una identidad reconocible, formar una voz propia, sembrar contenidos de valor, nutrir la conversación diaria y afilar el ojo clínico para capturar oportunidades de negocio.

En Sawubona elevamos esta disciplina incorporando la inteligencia artificial como un faro predictivo. Hoy la IA nos agrega una nueva dimensión, ya que permite analizar comportamientos, identificar intereses, detectar patrones y comprender mejor qué despierta la atención de cada audiencia.

La tecnología puede ayudarnos a leer la comunidad; mientras la comunicación convierte ese mapa en una acción comercial contundente.

El desafío para las marcas tradicionales

Una startup puede nacer con una comunidad. Un creador de contenido puede transformar su audiencia en una empresa de golosinas multimillonaria. Pero una marca tradicional también puede construir ese activo.

Bajo esta luz, la métrica obsesiva ya no debe ser el preguntarse '¿Cuántos seguidores tenemos?', sino '¿Cuántas personas elegirían escucharnos, recomendarnos y volver?'.

Cuando redefines esa meta, el valor de tu comunidad cambia las reglas del juego para siempre.

GIGA no vino a certificar que un influencer posee el superpoder de despachar golosinas masivamente. Vino a demostrarnos algo mucho más trascendental. Y es que cuando la atención se transmuta en comunidad, la comunidad se convierte en un motor de negocios imbatible.

Y si ese motor está respaldado por táctica y un buen producto e infraestructura para sostenerlo, el fenómeno puede convertirse en una marca de culto.

La audiencia te escucha en el ruido; la comunidad te elige en la góndola y la táctica transforma esa elección en crecimiento.

¿Qué tipo de comunidad está construyendo hoy tu marca? Hablemos.

Te vemos. Te escuchamos.
Creamos con vos.